Algunos estudiosos sostienen la importancia de las radios clandestinas que mantenían informados a los distintos grupos sobre el accionar de los restantes. Hecho sumamente improbable, ya que estas radios habían sido interceptadas por el ejército y a través de ellas se emitían falsas noticias para amedrentar y confundir a los atacantes.
Ese primer ataque fue rápido e imprevisto. Los oficiales responsables de las distintas líneas defensivas no podían salir de su asombro ante la actitud suicida de aquellos hombres que avanzaban directamente hacia la boca de los cañones y ametralladoras para hacerse matar. El loco plan de los invasores parecía consistir precisamente en sacrificar la vida de miles de atacantes mientras otros iban alcanzando las posiciones. En tres horas de combate, las fuerzas gubernamentales produjeron más de siete mil muertos y el doble de heridos.
Pero la condición de los sitiados en el amanecer del día 17 era desesperante. Un numeroso contingente se había infiltrado por la avenida Rivadavia y avanzaba hasta Liniers para tomar al enemigo entre dos flancos.
Mientras tanto, en La Boca se libraba la Batalla de Caminito, tal como la denominó el sociólogo francés Jacques Moncassin: “Allí, en el cuerpo a cuerpo de la infantería contra el pueblo, fue cuando la guerra se decidió. Los soldados, que tenían un mayor entrenamiento y que contaban con un armamento my superior, se negaron a rematar a sus enemigos. Fue en la Batalla de Caminito donde se inició la deserción masiva de efectivos militares. Los soldados se pasaban al otro bando”.
A las siete de la mañana despegaron los mortales Mingos de la fuerza aérea con la orden de bombardear a los invasores.
Enrique Symns - “Invitación al abismo”
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