miércoles, 11 de agosto de 2010

20) LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL MILENIO

El mundo observaba azorado la explosión humana que había destruido la sociedad argentina. Los últimos días de 1999 se caracterizaron por la vigencia de una discusión planetaria. Una polémica que recorría los canales de televisión, las editoriales de todos los diarios y los gabinetes de todos los países. Dice Roger Philips en su libro Argentina, la marabunta de la historia: “El fenómeno argentino era inclasificable. Aquello no era una revolución de izquierda, ni siquiera anarquista: era un estallido comandado por delincuentes y marginales. Nadie podía imaginarse ninguna forma de gobierno ni de organización social. Era la absoluta derrota del futuro, la siniestra amenaza de una descomposición del sistema occidental de convivencia”.

En Buenos Aires, mientras tanto, las huestes de Salvador Aón intentaban las primeras formas de orden y organización. El 28 de diciembre fueron tomadas las radios y los canales de televisión y durante todo el día se emitieron mensajes llamando a la calma y al orden. Paralelamente se insinuaba la elección de un nuevo gobierno encabezado por el comandante Aón y los otros cabecillas de la invasión.

Si bien la violencia había saciado su sed en las calles, nuevas amenazas se cernían sobre la ciudad. Iba a ser necesario desalojar a más de cuatro millones de personas que dormían en parques y escaleras, en casas tomadas, en el Jardín Botánico, en las calles y hasta en las azoteas de los edificios. Millones de personas que cada día era necesario alimentar para que los saqueos no volvieran a iniciarse.

El problema del alimento se estaba tornando muy grave. La falta de comunicaciones, el abandono de las fuerzas de trabajo y la consiguiente falta de producción, la interrupción del comercio exterior y el agotamiento de las reservas en los grandes supermercados indicaban que pronto llegaría a la Argentina la peor de las pestes: el hambre. Masiva, sin distinción de clases sociales. Era urgente recomponer el país, movilizar nuevamente las pesadas ruedas de la producción. ¿Pero cómo se haría? Nadie estaba dispuesto a obedecer ni a regresar a trabajos o empleos que detestaba. Habían salido a matar y a romper el mundo para no regresar nunca a sus miserias.

En el Uruguay, a todo esto, Víctor Sendic preparaba un levantamiento que en pocas semanas haría caer el despiadado co-gobierno del general Martínez y de Luis Bustos. En Brasil, el levantamiento negro en Minas Gerais amenazaba con desencadenar una matanza de blancos en todo el territorio. Estados Unidos ya había decidido su intervención, aún sin el consentimiento de los rusos. En Washington se preparaban los planes de la invasión.


Enrique Symns - “Invitación al abismo”

2 comentarios:

Damian Marsicano dijo...

Enrique...el ultimo beatnik. Lamentablemente, los genios como Symns estan condenados a ser postumos.
Un lujo de blog.

El Abismo dijo...

Por eso la idea de hacer este blog, para que el homenaje no sea póstumo y muchos/as más puedan conocerlo.
Saludos!