
El 13 de diciembre de 1995, el hacendado Joao Gonzaga de Alves asentó una increíble denuncia en la ciudad de Assis (a pocos kilómetros de Londrina). Ante el escepticismo de los oficiales de guardia, Gonzaga de Alves relató que había sido secuestrado en su ciudad natal, Londrina, por un grupo de delincuentes, quienes desvalijaron su casa, cuatrearon su ganado, lo despojaron del dinero acumulado en su cuenta bancaria y le sustrajeron dos automóviles, además de otros valores. Al efectuar la denuncia en la delegación de Londrina, el anonadado ganadero, quien esperaba encontrar protección y aistencia, fue brutalmente golpeado por las fuerzas del orden. El trámite culminó con una concreta amenaza de muerte en el caso de que continuara esparciendo “falsos rumores sobre honestos ciudadanos”.
Gonzaga de Alves vivió una semana de pesadilla. Era vigilado por los vecinos día y noche, su teléfono estaba interceptado y habitualmente lo visitaban desconocidos que reiteraban las amenazas. Comprendió que era prisionero en su propia ciudad.
Astutamente, el ganadero simuló aceptar incondicionalmente las reglas de aquel cautiverio y, luego de un minucioso plan, el 12 de diciembre logró fugarse a la ciudad de Assis. No transcurrió mucho tiempo desde el momento que sus declaraciones fueron tomadas con incredulidad en la delegación de Assis hasta que se desató el escándalo. El 5 de enero de 1996 el presidente Brizzola ordenó una completa investigación. La ciudad de Londrina fue intervenida por autoridades federales y los resultados de la investigación destaparon un complot de vastos alcances. No sólo la policía de la ciudad sino también el alcalde, los concejales, comerciantes, profesionales, empleados del gobierno, conductores de transporte público y hasta simples obreros formaban parte de la organización criminal cuyas actividades abarcaban todos los rubros: pirateo del asfalto, tráfico de drogas, estafas, robos, falsas compras de equipamiento, secuestros extorsivos, etcétera. El juicio nunca culminó. Fueron detenidas y procesadas más de trecientas cincuenta personas, de las cuales terminaron condenadas con distintas penas cincuenta y seis de ellas. La prensa brasileña recibió la orden de silenciar el tema y las propias agencias imperiales se unieron al pacto de silencio.

Enrique Symns - “Invitación al abismo”